
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dispuso una reforma integral del sistema de transporte privado de pasajeros tras un fallo de la Justicia porteña que obligó a regular las aplicaciones de viajes bajo criterios equivalentes a los de taxis y remises.
El nuevo esquema, presentado por el jefe de Gobierno Jorge Macri, persigue un doble propósito: imponer mayores exigencias a plataformas como Uber, Cabify y DiDi, y al mismo tiempo simplificar la histórica y burocrática regulación que pesa sobre el servicio de taxis.
La decisión por parte de la Legislatura se posiciona como un antecedente clave para las distintas provincias y municipios del territorio nacional, donde el debate en torno a las plataformas digitales de transporte continúa abierto y, en la mayoría de las jurisdicciones, carece de normativas claras o marcos legales específicos.
A partir de esta medida, la administración porteña optó por un enfoque de convivencia digital que evita las prohibiciones, multas y secuestros de vehículos implementados históricamente en el interior, los cuales no lograron frenar el avance masivo de estos servicios. El modelo actual reconoce la actividad y la incorpora formalmente al sistema urbano bajo estándares mínimos de habilitación y seguridad.
Exigencias para las aplicaciones y simplificación del taxi
Para los conductores de plataformas, el principal cambio radica en la obligatoriedad de la licencia profesional. Los choferes deberán ser mayores de 21 años, tramitar el registro profesional pertinente, contar con la Verificación Técnica Vehicular (VTV) al día y contratar un seguro específico para el transporte de pasajeros. El Ejecutivo otorgó un plazo de 90 días para la adecuación a estas reglas.
En contrapartida, el Gobierno envió un proyecto a la Legislatura para modernizar y desburocratizar el sector del taxi, que actualmente cuenta con unas 17.000 licencias vigentes. La reforma elimina exigencias que quedaron obsoletas en la práctica, como la obligación de vestir camisa o las dimensiones mínimas del baúl.
Asimismo, se autoriza el uso de vehículos más pequeños y económicos, la incorporación de unidades de hasta ocho plazas, la digitalización de credenciales y la quita de tasas de renovación y transferencias.
La transformación del transporte urbano en CABA busca equilibrar la competencia, reducir los costos operativos del taxi tradicional y fijar reglas de juego claras. La discusión técnica y política que se genera a partir de ahora es si este sistema mixto logrará trasladarse con éxito a las provincias, donde el crecimiento de las aplicaciones modificó de hecho los mercados locales de movilidad.
