Brasil, metido en la ‘Operación Hexa’: la reinvención táctica con acento italiano
De la mano de Ancelotti y Vinícius, más la irrupción de jóvenes maravilla, la Canarinha se reinventa para asaltar el Mundial 2026 con una propuesta tan ambiciosa como pragmática.

El fútbol brasileño, históricamente habituado a la opulencia del talento individual y a una hegemonía que parecía grabada en su ADN, llega al Mundial 2026 sumergido en un proceso de recambio tan profundo como necesario: la transición de una cultura que ha decidido, por primera vez en casi un siglo, entregarle las llaves de la selección a un entrenador extranjero, Carlo Ancelotti, para intentar detener una sequía que ya cumple 24 años.
Brasil ya no es el equipo que espera que la magia suceda por accidente. Bajo el mando del italiano, es un batallón que planifica cada transición, cada presión y cada desdoble con una frialdad que asusta, pero que aún convive con debilidades estructurales.
El camino de Brasil al Mundial: una clasificación con contrastes
Tan turbulento fue el camino de Eliminatorias que el ciclo inició con goleada a Bolivia por 5-1 en Belém con Fernando Diniz en el banco, y terminó con derrota 1-0 también ante Bolivia en El Alto y con Ancelotti como entrenador.
Tras aquel inicio prometedor, el equipo comenzó a mostrar una fragilidad defensiva alarmante y una desconexión entre líneas que lo llevó a sufrir derrotas históricas, incluida la primera caída como local en la historia de las eliminatorias ante Argentina en el Maracaná. La gestión de Diniz dio paso a un breve periodo bajo Dorival Júnior, quien intentó restaurar cierto orden tradicional sin lograr la consistencia necesaria para calmar las aguas de una torcida cada vez más impaciente. No fue sino hasta la asunción definitiva de Carlo Ancelotti, fines de mayo de 2025, que el equipo encontró la estabilidad emocional y táctica para cerrar su pasaje mundialista. Brasil finalizó las Eliminatorias Sudamericanas en la quinta posición, un puesto inusual para su historia y que lo hubiese dejado eliminado en procesos anteriores.
Raphinha emergió como el máximo goleador del equipo con 5 tantos, seguido por Rodrygo con 3, lo que evidencia un sistema que prioriza la llegada desde las bandas y el ataque al espacio. Desde la llegada del nuevo entrenador el equipo registró una mejoría notable en la solidez defensiva, logrando victorias clave como el 3-0 ante Chile y el 1-0 sobre Paraguay, manteniendo su valla invicta en momentos críticos de la definición.

Carlo Ancelotti: el míster a cargo del renacimiento del Scratch
Su llegada a Brasil representa el fin de un tabú: el fútbol brasileño aceptó que para volver a la cima del mundo necesitaba una mirada externa que pudiera amalgamar su riqueza técnica con las exigencias del fútbol global. Ancelotti, el único técnico en ganar las cinco grandes ligas de Europa y poseedor de cinco títulos de Champions League, no llegó para enseñarles a jugar al fútbol, sino para enseñarles a competir en los escenarios de máxima tensión.
El estilo de Ancelotti exige un enfoque pragmático basado en la “actitud” y el “compromiso colectivo”. Para el míster italiano, la estrategia es secundaria frente a la disposición del jugador para el sacrificio y la interpretación inteligente de los momentos del partido. Esta filosofía ha calado hondo en un plantel que, en los últimos años, parecía sufrir de una excesiva dependencia de la inspiración individual de Raphinha o Vinícius Júnior.
Una de las grandes fortalezas de Ancelotti es su capacidad para gestionar vestuarios y crear un ambiente de competitividad interna donde nadie tiene el puesto asegurado. Ha transformado perspectiva del equipo, pasando de una mentalidad de “esperanza” a una de “planificación”. Su relación previa con piezas clave como Vinícius, Rodrygo y Militão (ambos lesionados y fuera del Mundial) en el Real Madrid ha servido de puente para implementar sus conceptos de manera acelerada.
La pizarra del Scratch: sistemas, movimientos y transiciones
El análisis táctico de Brasil bajo la era Ancelotti revela un equipo extremadamente flexible, capaz de mutar su forma dependiendo de la fase del juego y del rival de turno. Si bien el dibujo base suele oscilar entre un 4-3-3, 4-2-4 y 4-4-2 (bien marcado defensivamente) la verdadera esencia del equipo se manifiesta en su estructura ofensiva, que a menudo se convierte en un 3-2-5 o incluso un 3-1-6 en situaciones de dominio absoluto.
El doble cinco y la ‘vuelta’ de Casemiro: el corazón del equipo
Casemiro y Bruno Guimarães forman un ‘doble cinco’ responsable de sostener toda la estructura ofensiva. Mientras Casemiro actúa como el ancla tradicional, recuperando pelotas y ofreciendo una salida clara en largo, Guimarães se desempeña como el mediocampista moderno “box-to-box”, capaz de romper líneas en conducción y de sumarse al ataque para ocupar los espacios que dejan los delanteros al descender, pero siempre desde una segunda fase de movimientos.
Este esquema de dos volantes centrales es el que permite a Brasil sumar hasta cuatro atacantes de vocación ofensiva pura en el once inicial. Sin embargo, este equilibrio es precario; cuando el equipo pierde la posesión en campo contrario y los atacantes no realizan una presión tras pérdida efectiva, el doble cinco suele quedar expuesto ante transiciones rápidas del rival, lo que genera grietas defensivas.
La flexibilidad del ataque: la ausencia de un “9” fijo
Bajo Ancelotti, no existe un centrodelantero estático que fije a los centrales; en su lugar, jugadores como Vinícius, Matheus Cunha o incluso Luiz Henrique intercambian posiciones constantemente. Esta característica es un arma de doble filo: pueden desorientar a cualquiera con la pelota, pero están expuestos s desajustes de inicios defensivos por quedar en posiciones ‘no naturales’.
Un patrón recurrente es la sobrecarga de la banda derecha. Brasil suele involucrar al lateral derecho en posiciones interiores, dejando la banda libre para que Raphinha o Estêvão jueguen duelos individuales. Por el contrario, en el lado izquierdo, Vinícius Júnior suele recibir la pelota con mayor aislamiento para explotar su capacidad de desborde individual (como hace en el Real Madrid).
Análisis de las transiciones y la presión
La capacidad de Brasil para pasar de la defensa al ataque es, quizás, su arma más letal. El equipo está diseñado para fabricar contragolpes en muy pocos segundos una vez recuperada la pelota en campo propio. Ancelotti pide a sus extremos para que mantengan una posición alta, incluso cuando el equipo defiende en un bloque medio-bajo, lo que les permite ser receptores inmediatos de pases largos de Casemiro o Marquinhos.
Transiciones defensivas y presión alta
El comportamiento defensivo de Brasil ha mejorado sustancialmente hacia un sistema de presión por “disparadores” o gatillos tácticos. El equipo suele presionar de manera agresiva cuando el oponente hace un pase hacia atrás o reciben de espaldas. En estas situaciones, hasta cuatro jugadores brasileños pueden ejercer la presión de manera simultánea para forzar el error.
Pero, la coordinación de este mecanismo es el talón de Aquiles: el cansancio, la falta de concentración o de sincronización puede boicotearlo. La primera línea de presión sea inútil ante equipos que poseen mediocampistas con gran capacidad de giro y salida bajo presión (como lo demostró Argentina en las Eliminatorias), lo que deja a los tres o cuatro jugadores que presionaron fuera de la jugada y mucho campo por defender. Acá un rival inteligente puede lastimar a Brasil: atrayendo su presión para luego lanzar ataques directos a los espacios que dejan los laterales proyectados.
Presión y finalización rápida; así es la ‘trampa’ de la Canarinha
Las figuras que definen el rumbo de Brasil
La jerarquía en este plantel, desde la llegada de Ancelotti, ya no se mide solo por la calidad técnica, sino por la capacidad de respuesta en los momentos de máxima exigencia.
El eje defensivo: Alisson, Marquinhos y Gabriel Magalhães
La seguridad en el arco está garantizada por Alisson Becker -aunque la lesión muscular en el final de la temporada en Liverpool encienden algunas alarmas-, quien ha evolucionado en los últimos 4 años (mientras que Ederson tuvo una caída en su performance). Su capacidad para leer el juego y actuar como un líbero cuando el equipo adelanta sus líneas es fundamental para el sistema de Ancelotti.
La pareja de Marquinhos y Gabriel Magalhães ofrece experiencia internacional y potencia física de la élite. Marquinhos aporta el liderazgo, lectura táctica y la salida limpia, mientras que Gabriel es el encargado de los duelos aéreos y la agresividad en el anticipo.
Vinícius Júnior, la estrella en busca de consagración
Vinícius Júnior llega al 2026 con la responsabilidad de ser el heredero absoluto del trono de Neymar y la esperanza de la Torcida. Bajo la tutela de Ancelotti (en Real Madrid y el Scratch), ha perfeccionado su capacidad de definición y la toma de decisiones, aunque su rendimiento con la camiseta nacional ha sido objeto de debate por no alcanzar aún las cifras estratosféricas que registra en el Real Madrid, su comportamiento y lesiones. Vinícius es un extremo de elite; aunque su punto de partida es la izquierda, tiene total libertad para aparecer como segundo punta, aprovechando los espacios que generan los descensos de los delanteros centros móviles. Defensivamente ha mejorado el compromiso, pero aun así sigue sin manejar los fundamentos.
Transiciones ofensivas de Brasil
Vulnerabilidades tácticas: cómo desarticular a Brasil
A pesar de la impronta de invulnerabilidad que el aura de Ancelotti ha intentado imponer, Brasil sigue presentando debilidades estructurales que pueden ser explotadas.
El déficit en los laterales
Brasil no ha logrado consolidar una pareja de laterales que ofrezca garantías tanto en ataque como en defensa. A veces usó centrales reconvertidos como Éder Militão en el lateral derecho, pero restó profundidad y capacidad de desdoble. Por el lado izquierdo, la alternancia entre Alex Sandro, Caio Henrique y Wendell no resolvió la fragilidad defensiva ante extremos que buscan el uno contra uno. Un rival que logre muchas situaciones de duelos individuales por fuera podrá sacar réditos.
La vulnerabilidad ante el juego aéreo defensivo
A pesar de contar con defensores de gran altura, Brasil ha mostrado desatenciones en las segundas jugadas tras centros laterales. Su sistema ‘importado’ de marcaje mixto durante los córners (con cinco jugadores en el área chica y tres hombre a hombre) suele dejar espacios en la zona del punto penal para rematadores que llegan desde atrás. Equipos con buen juego aéreo y ejecuciones precisas pueden encontrar en pelotas paradas una vía directa al gol.
Cómo jugarle a Brasil
- Neutralización de extremos: Es imperativo realizar un marcaje escalonado sobre Vinícius Júnior y Raphinha. No se les puede permitir recibir con tiempo y espacio para girar. El uso de un volante de contención que haga vigilancias y ayudas constantes al lateral es necesario.
- Ataque al lateral izquierdo: hay que aprovechar que Vinícius no retrocede o lo hace con deficiencias; de tiempo, perfil y conducta. Doblarle esa banda puede obligar obligar a uno de los mediocentros (probablemente Guimarães) a salir de su zona para hacer coberturas, desprotegiendo el eje.
- Gestión de la posesión: Brasil se siente cómodo cuando el partido es de ida y vuelta. Hacer lento el ritmo, con posesiones largas y horizontales para bajarles la intensidad y forzarlos a defender en bloque bajo, puede hacerlos sentir incómodos.
- Pelota parada: Explotar su sistema mixto de marcaje en córners y tiros libres. Movimientos de distracción de segunda fase pueden liberar a un mejor cabeceador ofensivo.











