
La economía argentina, históricamente caracterizada por su bimonetarismo de hecho y una volatilidad que desafía cualquier presupuesto, está asistiendo a un fenómeno que parecía enterrado en el pasado reciente: empresas que implementan financiación en dólares para consumos turísticos. Tras años de restricciones, impuestos “solidarios” y percepciones que encarecieron los viajes al exterior, las agencias de viajes líderes han comenzado a mover sus fichas para ofrecer lo que el mercado más demanda: financiamiento.
Sin embargo, este nuevo escenario abre un abanico de interrogantes tanto para el consumidor como para el sistema financiero y las agencias. ¿Es una herramienta de democratización del viaje o una apuesta de riesgo en un país con un tipo de cambio históricamente impredecible? La respuesta parece dividirse entre la necesidad comercial de vender y la cautela técnica de los economistas, en un marco regulatorio que aún no está ni cerca de retomar las cuotas.
El obstáculo técnico: El “impasse” de las tarjetas
Antes de analizar el auge de las cuotas con financiación de las empresas, es necesario entender una limitación técnica que hoy define al sector: en Argentina, la normativa actual y los sistemas de procesamiento de pagos no permiten las cuotas en cobros directos con tarjeta de crédito en dólares para servicios turísticos o pasajes aéreos internacionales.
Este es el primer gran escollo que enfrenta la industria. Al no existir un procesamiento nativo de cuotas en moneda extranjera para plásticos emitidos en el país, las agencias deben recurrir a mecanismos alternativos. Por eso, lo que hoy se promociona como “cuotas en dólares” no es la clásica financiación bancaria a la que el argentino estaba acostumbrado hasta fines de 2021.
Sino que, en rigor, se trata de sistemas de pre-pago o financiación propia de las operadoras (mecanismos pre-company), donde el usuario va cancelando su saldo en dólares billete, transferencia o MEP antes de la emisión final del servicio.
Esta distinción es vital: la financiación es bienvenida por todo el sector, pero la realidad operativa indica que, hasta que no se libere el procesamiento de tarjetas en dólares, las empresas deben actuar prácticamente como entidades financieras propias para sostener la demanda.
La apuesta de los gigantes: El caso Despegar
Para las agencias, la lectura es clara: el cliente que tiene dólares (ya sea en “el colchón” o en cuenta bancaria) prefiere usarlos directamente para evitar la exposición a las constantes devaluaciones del peso y la pesada carga impositiva que suele recaer sobre el “dólar tarjeta”. Paula Cristi, Gerente General de Despegar para Argentina y Uruguay, explicó que este relanzamiento no es caprichoso, sino una respuesta a un cambio estructural en el comportamiento del consumidor local.
“En Despegar estamos viendo un crecimiento sostenido en la cantidad de viajeros que eligen pagar sus viajes internacionales en dólares, principalmente porque buscan mayor previsibilidad al momento de organizar su presupuesto. Hoy esta modalidad representa el 25 % de nuestras ventas y muestra un crecimiento interanual del 20 %, lo que confirma una tendencia cada vez más marcada en el mercado argentino”, señala Cristi.
La estrategia de la compañía ha sido escalonada, adaptándose a las posibilidades técnicas y buscando vericuetos legales para saltar la falta de cuotas tradicionales. Según detalla la ejecutiva, desde mayo de 2025 los viajeros pudieron empezar a operar con débito en dólares, y desde octubre se incorporó la tarjeta de crédito, bajo esquemas de flexibilidad interna. “Permite que cada usuario elija cómo organizar el pago de su viaje al exterior”, añade.
Ante la consulta sobre si el sistema es exclusivo para quienes ya poseen la divisa de antemano, Cristi aclara que la bimonetaridad y la variedad de medios son los pilares actuales de su plataforma: “Nuestro objetivo es ofrecer la mayor flexibilidad posible al momento de planificar un viaje, para que cada usuario pueda elegir la alternativa que mejor se adapte a su organización financiera. En Despegar es posible abonar en pesos o en dólares y también combinar distintos medios de pago dentro de una misma compra, facilitando así la planificación del viaje”.
La ejecutiva detalla además la amplitud de opciones disponibles hoy en el país para intentar sortear las trabas cambiarias: “Se pueden utilizar dos o más tarjetas de crédito, combinar crédito y débito en una misma operación, realizar transferencias bancarias, pagar en efectivo o a través de plataformas como Mercado Pago, Rapipago o Pago Fácil, e incluso con criptomonedas. Además, quienes prefieren operar en dólares pueden hacerlo mediante transferencia, efectivo, débito o tarjeta de crédito”.
No obstante, debido a que no es una financiación bancaria post-consumo, existe una condición de seguridad financiera para la empresa: el viaje debe estar cancelado antes de que el pasajero pise el aeropuerto. “En el caso de Cuotas Despegar, el viaje debe estar totalmente abonado al menos 7 días antes de la fecha de salida. Esta modalidad permite financiar viajes internacionales en hasta 3 cuotas sin interés, brindando una forma clara y ordenada de planificar el gasto”, afirma Cristi.
El “Fantasma del 2001” y el riesgo del descalce
A pesar del entusiasmo del sector privado por recuperar herramientas de venta, los economistas advierten que la financiación en una moneda distinta a la que se perciben los ingresos es un terreno pantanoso. Joaquín Escardó, economista especializado en la industria turística, pone el foco en un concepto técnico con consecuencias sociales directas: el descalce de monedas.
“Siempre que haya método de financiación es positivo para cualquier industria, en este caso para la turística, las agencias; está genial. El punto negativo es lo que se llama descalce de monedas”, advierte Escardó de entrada. El riesgo radica en la vulnerabilidad del deudor que no genera los dólares que debe pagar mes a mes.
“El tema es cuando vos le das crédito a una persona en una moneda distinta a sus ingresos”. Y ejemplificó: “Vamos a suponer que yo me financé para un viaje en dólares. Mañana el tipo de cambio se va a 1800. Entonces, hay un riesgo de que la modificación del tipo de cambio genere incobrabilidad”, explica el economista con preocupación.
Además, el economista apeló a la memoria histórica del país para fundamentar su cautela, recordando que Argentina ya ha pasado por procesos de dolarización de pasivos que terminaron en crisis sistémicas.
“Eso pasó en Argentina en el 2000-2001. A partir de ahí, no se le permitió a los bancos financiar en dólares a aquellos agentes, cualquiera sea, que no generen dólares en sí mismos; o sea, solo pueden financiar exportadores, porque ellos cobran en dólares y entonces pagan en dólares”.
Para el especialista, el problema no es solo del pasajero que viaja, sino de la salud financiera de la agencia que otorga el crédito, especialmente si lo hace fuera del sistema bancario tradicional: “La problemática está en esto: el descalce de monedas que puede generar que, frente a un cambio imprevisto en el tipo de cambio, se genere un problema en la morosidad para la agencia”.
Hacia una experiencia integral
A pesar de estos riesgos latentes y las limitaciones del sistema de tarjetas, la industria turística argentina se encuentra en una fase de expansión de servicios. El objetivo es que la cuota en dólares no sea un beneficio exclusivo de los tickets aéreos, que suelen ser el componente más costoso de un viaje, sino que derrame hacia el resto de la cadena de valor.
“Nuestro foco está en ofrecer facilidades de pago para toda la experiencia de viaje, no solo para el vuelo. En Despegar contamos con una propuesta integral que incluye vuelos, hoteles, paquetes, alquiler de autos y actividades”, comenta Paula Cristi. Para la empresa, la clave está en simplificar la logística del pago: “Buscamos que los viajeros puedan acceder a alternativas de financiación en cada una de esas etapas. Desde nuestros inicios, el objetivo fue simplificar todo el proceso: desde la búsqueda y la decisión hasta el pago”.
Un equilibrio delicado
La reaparición de las cuotas en dólares, aunque sea mediante mecanismos de financiación propia o planes de ahorro previo al viaje, es un síntoma de una economía que intenta recuperar instrumentos de consumo, pero que todavía lidia con la inestabilidad de su propia moneda y la rigidez de sus sistemas de pago. Para el viajero, hoy representa una ventana de oportunidad para “congelar” el valor de su descanso y evitar los saltos devaluatorios y los recargos impositivos del peso.
Sin embargo, la lección de los economistas es clara: la financiación es una herramienta poderosa, pero el “descalce” es una sombra que siempre acompaña a los créditos en moneda extranjera en Argentina. El éxito de esta modalidad dependerá, en última instancia, de la estabilidad macroeconómica, de que finalmente se habiliten los pagos directos con tarjeta en dólares y de la capacidad de las agencias para administrar el riesgo de morosidad sin afectar su operatividad en un país que, como bien señala Escardó, ya tiene una vasta y dolorosa experiencia en la materia.
