El método Úbeda: la reconversión de un técnico jugadorista que vuelve a donde todo empezó

El método Úbeda: la reconversión de un técnico jugadorista que vuelve a donde todo empezó

Este jueves Boca visita a Defensa y Justicia en Norberto Tomaghello, estadio en el que Claudio Úbeda dirigió su primer partido en el Xeneize. Siete meses más tarde de su inesperada oportunidad, y tras haber dejado atrás una ola de insultos y cuestionamientos, llega enaltecido tras haber ganado su segundo Superclásico.

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PorTiziano Pascale23/04/2026 07:09 am
Claudio Úbeda
Úbeda vuelve al Tito Tomaghello, donde dirigió su primer partido como técnico de Boca. (Marcelo Endelli/Getty Images)

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El 27 de septiembre del año pasado, en una fresca y lluviosa tarde primaveral en Florencio Varela, Claudio Úbeda debutó como técnico de Boca en una derrota por 2 a 1 ante Defensa y Justicia. Un estreno imprevisto, de emergencia y que sólo se explicaba por el deteriorado estado de salud de un Miguel Ángel Russo que falleció a los pocos días. Si en aquel momento le preguntaban a cualquier hincha quién iba a estar sentado en el banco de suplentes casi siete meses más tarde, nadie ponía al Sifón entre los candidatos.

Lo que parecía un parche por algunos partidos se convirtió en un parche hasta el final del 2025; y lo que parecía un parche hasta el final del 2025 se convirtió en un parche hasta mediados de este año; y lo que parecía un parche hasta mediados de este año puede terminar con una renovación contractual para el DT, que esta noche, desde las 20.00, volverá a donde todo empezó. El Norberto Tomaghello lo recibirá tras haber ganado su segundo Superclásico, con puntaje ideal en la fase de grupos de la Copa Libertadores y acarreando un invicto de 13 partidos. ¿Estamos seguros de que era un parche?

Luego de experiencias no del todo exitosas como técnico principal en Huracán, Independiente Rivadavia, Boca Unidos, la Selección Sub-20, y algunos interinatos en Racing, Úbeda se sumó al cuerpo técnico de Russo de cara a una exótica aventura en el Al-Nassr de Arabia Saudita. Junto a Juvenal Rodríguez lo acompañaron en Rosario Central (donde fueron campeones de la Copa de la Liga 2023) y San Lorenzo, antes de llegar a Boca donde Miguelo dirigió, literalmente, hasta el último día de su vida.

Una vez a cargo del primer equipo, el rosarino apeló al recuerdo de Russo como motor para la recta final del año. Logró reponer a un plantel golpeado por el fallecimiento del entrenador y que estaba dejando atrás la racha sin ganar más larga de su historia. Comenzó a escalar posiciones en la tabla anual y en la Zona B del Clausura con un objetivo claro: volver a la fase de grupos de la Copa Libertadores luego de dos años de ausencia.

Con la simpleza como bandera y una cercanía al jugador que llevó al propio Leandro Paredes a compararlo con Lionel Scaloni, el Boca de Úbeda (que para ese entonces comenzaba a salir de memoria) remontó un partido durísimo ante Barracas Central, ganó agónicamente en cancha de Estudiantes y cumplió su objetivo nada menos que en el Superclásico frente a River. Aquella tarde en la que el Xeneize por momentos bailó a su rival de toda la vida y lo dejó al borde de una cornisa de la que caería tras perder ante Racing en octavos, el Sifón aprobó su primera gran prueba. 

Boca venció con autoridad a River en el primer Superclásico de Úbeda en el Xeneize

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Los octavos de final ante Talleres y los cuartos contra Argentinos Juniors fueron una advertencia que Úbeda no supo leer a tiempo. El entrenador siguió apostando al once que salía de memoria, pese a que comenzó a flaquear y algunos nombres únicamente se sostenían por los buenos resultados que estaba cosechando el equipo. Contra la T sufrió: le llegaron mucho y claro, y por momentos le dominaron el partido. Ante el Bicho la situación no hizo más que agravarse: el Xeneize ganó 1 a 0 gracias a un gol tempranero de Ayrton Costa, pero tuvo apenas un 28% de posesión y le patearon 16 veces.

El clásico ante Racing de semifinales lo puso ante una encrucijada: ¿cambiaba lo que lo había llevado a estar entre los cuatro mejores del torneo o moría con su convicción? No solo no tocó nada, sino que hizo un cambio que será recordado durante mucho tiempo por los hinchas de Boca: a los 71 minutos sacó a Exequiel Zeballos, figura del equipo que había hecho amonestar a los dos defensores que jugaban por su sector, para poner a un Alan Velasco que llevaba dos meses sin acción. Su insólita decisión hizo estallar a Paredes, provocó los primeros silbidos hacia su figura y el “desde el banco vimos gestos de que estaba cansado y tomamos la decisión de sacarlo” no convenció.

Por supuesto que reducir un resultado a una modificación es superficial, hay muchos factores que explican la eliminación del Clausura, pero aquella tarde-noche dio la sensación de que el Sifón había sentenciado su continuidad, que había desperdiciado una oportunidad que le cayó del cielo y que no aparecía ni en sus mejores sueños algunos meses atrás. Para colmo, su amor hacia la Academia despertó aún más suspicacias.

Durante los días posteriores reinó el silencio. Nadie confirmaba la continuidad del técnico (que no había por qué confirmarla debido a que tenía contrato vigente) y tampoco había negociaciones con un hipotético sustituto. Tras aquella ratificación tácita, el 2 de enero Úbeda se presentó en Boca Predio para la pretemporada con una idea clara: modificar el 4-4-2 de fines del 2025 a un 4-3-3.

Más allá de que el destino le jugó en contra (se cayó el pase de Marino Hinestroza, extremo nato, cuando parecía cerrado y hubo una plaga de lesiones en la delantera), el Sifón continuó empesinado en mantener el esquema. Con ataques improvisados conformados por juveniles o jugadores casi descartados como Lucas Janson, las victorias ante Riestra y Newell’s no opacaron las merecidas derrotas frente a Estudiantes y Vélez.

La sucesión de tres empates en La Bombonera, todos acompañados de silbatinas e insultos hacia el entrenador, lo pusieron contra las cuerdas para el partido ante Lanús: si Boca no ganaba, tenía un pie y medio afuera del club. Y fue aquella noche en la Fortaleza donde apareció una de las mayores virtudes de Úbeda: la simpleza. Dejó atrás los experimentos y, hablando en criollo, puso a los buenos con los buenos. Tomás Aranda y Adam Bareiro (dos piezas claves que explican el presente del equipo) desde el arranque, con el trío Paredes-Delgado-Ascacíbar por detrás. El Xeneize se floreó y, junto con el de Barcelona que vino después, jugó su mejor partido del año ante un equipo que venía de alzar la Recopa Sudamericana frente al Flamengo una semana antes.

A pesar de los dos empates posteriores contra San Lorenzo y Unión, comenzó a verse otro Boca. Las características de los jugadores se complementaban muy bien entre sí, lo que provocaba una mayor fluidez en el juego, un trato de pelota con sentido y una voluminosa generación de ocasiones de gol. Desde aquella igualdad 1 a 1 en Santa Fe, el equipo de Úbeda ganó cinco de sus seis partidos, incluyendo los dos primeros de la Copa Libertadores y un nuevo Superclásico

Así fue el triunfo de Boca sobre River en el Superclásico

Así fue el triunfo de Boca sobre River en el Superclásico

Más allá de que cometió errores que le pudieron haber costado el cargo, Úbeda tuvo muchas virtudes desde su impensada llegada al banco de suplentes de Boca. Cuesta más reconocerlas porque es una persona que toda su vida estuvo vinculada a Racing y que no tenía los pergaminos necesarios para hacerse cargo de un equipo con tanta historia. Pero muchas veces el fútbol pone a los protagonistas menos pensados en los lugares menos pensados y resta ver cómo se adaptan a ese ambiente nuevo, que a priori les queda grande.

En este sentido, Úbeda tuvo la hidalguía de dejar su ego de lado y adaptarse; de escuchar y estar cerca de sus dirigidos para corregir sus propios fallos en pos del bienestar del equipo; de cederle su rol de líder a una figura como Paredes, comprendiendo el peso específico que tiene el campeón del mundo dentro del vestuario y dentro de la cancha. 

Úbeda se hace querer. Es muy cercano al jugador. Su confirmación en enero le dio más confianza y hoy se ganó esa confianza y está muy bien, lleva al grupo adelante, declaró el campeón del mundo tras la victoria en el Superclásico en un stream con Davoo Xeneize y Gastón Edul. Miguel Merentiel también tuvo un gesto de cariño para con el técnico en un momento de turbulencias: luego de convertir su segundo gol en la goleada ante Lanús, fue diréctamente a abrazarlo. Evidentemente, dentro del plantel lo quieren y lo respetan.

Claudio Úbeda firmó una camiseta de boca en pleno partido y enfureció a una gloria de Barcelona SC

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Y en este sentido es destacable la labor de Juan Román Riquelme, cuya gestión podrá tener puntos que achacarle, pero que estuvo en vestuarios pesados, conoce el club a a la perfección y sabe que es muy importante la comunión entre plantel y cuerpo técnico para conseguir resultados. Román no se dejó a llevar por la histeria de estos tiempos, bancó a Úbeda cuando toda La Bombonera clamaba por su salida y hoy Boca atraviesa uno de los mejores momentos futbolísticos desde que él es presidente.

Es cierto que al técnico todavía le quedan materias por aprobar y que su rendimiento en los últimos partidos del semestre serán determinantes para la decisión de la dirigencia sobre su continuidad, pero es hora de dejar de pensar en el ciclo de Úbeda como un largo interinato y empezar a pensarlo como un proceso que, con sus virtudes y defectos, hasta el momento le trajo más alegrías que tristezas al hincha de Boca.

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Claudio Úbeda
Úbeda vuelve al Tito Tomaghello, donde dirigió su primer partido como técnico de Boca. (Marcelo Endelli/Getty Images)

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Lo que parecía un parche por algunos partidos se convirtió en un parche hasta el final del 2025; y lo que parecía un parche hasta el final del 2025 se convirtió en un parche hasta mediados de este año; y lo que parecía un parche hasta mediados de este año puede terminar con una renovación contractual para el DT, que esta noche, desde las 20.00, volverá a donde todo empezó. El Norberto Tomaghello lo recibirá tras haber ganado su segundo Superclásico, con puntaje ideal en la fase de grupos de la Copa Libertadores y acarreando un invicto de 13 partidos. ¿Estamos seguros de que era un parche?

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Con la simpleza como bandera y una cercanía al jugador que llevó al propio Leandro Paredes a compararlo con Lionel Scaloni, el Boca de Úbeda (que para ese entonces comenzaba a salir de memoria) remontó un partido durísimo ante Barracas Central, ganó agónicamente en cancha de Estudiantes y cumplió su objetivo nada menos que en el Superclásico frente a River. Aquella tarde en la que el Xeneize por momentos bailó a su rival de toda la vida y lo dejó al borde de una cornisa de la que caería tras perder ante Racing en octavos, el Sifón aprobó su primera gran prueba. 

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Por supuesto que reducir un resultado a una modificación es superficial, hay muchos factores que explican la eliminación del Clausura, pero aquella tarde-noche dio la sensación de que el Sifón había sentenciado su continuidad, que había desperdiciado una oportunidad que le cayó del cielo y que no aparecía ni en sus mejores sueños algunos meses atrás. Para colmo, su amor hacia la Academia despertó aún más suspicacias.

Durante los días posteriores reinó el silencio. Nadie confirmaba la continuidad del técnico (que no había por qué confirmarla debido a que tenía contrato vigente) y tampoco había negociaciones con un hipotético sustituto. Tras aquella ratificación tácita, el 2 de enero Úbeda se presentó en Boca Predio para la pretemporada con una idea clara: modificar el 4-4-2 de fines del 2025 a un 4-3-3.

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En este sentido, Úbeda tuvo la hidalguía de dejar su ego de lado y adaptarse; de escuchar y estar cerca de sus dirigidos para corregir sus propios fallos en pos del bienestar del equipo; de cederle su rol de líder a una figura como Paredes, comprendiendo el peso específico que tiene el campeón del mundo dentro del vestuario y dentro de la cancha. 

Úbeda se hace querer. Es muy cercano al jugador. Su confirmación en enero le dio más confianza y hoy se ganó esa confianza y está muy bien, lleva al grupo adelante, declaró el campeón del mundo tras la victoria en el Superclásico en un stream con Davoo Xeneize y Gastón Edul. Miguel Merentiel también tuvo un gesto de cariño para con el técnico en un momento de turbulencias: luego de convertir su segundo gol en la goleada ante Lanús, fue diréctamente a abrazarlo. Evidentemente, dentro del plantel lo quieren y lo respetan.

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Es cierto que al técnico todavía le quedan materias por aprobar y que su rendimiento en los últimos partidos del semestre serán determinantes para la decisión de la dirigencia sobre su continuidad, pero es hora de dejar de pensar en el ciclo de Úbeda como un largo interinato y empezar a pensarlo como un proceso que, con sus virtudes y defectos, hasta el momento le trajo más alegrías que tristezas al hincha de Boca.

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